Oda al pipilín

Este blog no es para menores porque es aburrido y porque casi no tiene figuritas

miércoles, julio 01, 2009

Hasta llegar a un patio de primaria

Nunca me gustaron los recreos, siempre detesté cuando llegaba el momento del recreo; la explicación de eso no sólo tiene que ver con que sea una persona sedentaria sino también con que soy dependiente y flojo: Los recreos exigían de mí que usara mi imaginación y que llevara a cabo lo imaginado o que me pusiera a pensar qué hacer porque a mí no me interesaba el futbol o el fulbito y no podía ponerme a leer dentro del salón (lo que a veces creo que terminaba haciendo) porque en ocasiones llegaba algún profesor y sacaba a los que estaban dentro o quizás por el hecho de que no quería llamar la atención de los demás como el chico solitario que lee en clase; en realidad no quería llamar la atención por nada, no recuerdo si ya en esa época quería pasar desapercibido o al menos no llamar la atención por algo que no pudiera controlar.

Y no es que me gustaran las clases: Nunca me gustó estudiar, nunca me ha gustado hacer nada porque "debo hacerlo" o porque me obligan a hacerlo; sin embargo, las clases me daban la seguridad y la dependencia de que no tenía que pensar qué hacer porque sólo tenía que seguirlas. Por supuesto, lo hacía mal porque al final mucho no me interesaba pero mal que bien era un piso sobre el que estaba parado; en los recreos no tenía eso. En general, odiaba el colegio. En mi casa, en cambio, si decidía no hacer nada no había ningún problema. Buueno, eso no es cierto, en esas épocas mis hermanos decidían qué hacer pero eso, normalmente, siempre me pareció divertido. De cualquier forma, siempre fui dependiente de las decisiones que tomara el resto; se me hace muy difícil hacer algo porque se me ocurrió, necesito de alguien que me diga "oh sí, eso está muy bien". ¿Qué malo, no? (qué pregunta tramposa, es para que me contesten y yo encuentre un asidero en lo que me respondan: "Sí, qué malo", "No, te parece"... o algo peor). Al final, las palabras pueden ser vanas y no he dicho nada. ¿O sí? (continua la trampa).

Sí he dicho algo, lo sé y eso me basta (aunque eso no significa que no podría estar mejor). Los parentesis son mi nuevo piso, mi nueva dependencia.

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